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Alta cocina española ¿Gastronomía o márketing?

La prensa internacional ha publicado en estos últimos años más de 3.000 artículos sobre Ferran Adrià, entre ellos el de la revista Time, que le ha propulsado hacia el estrellato mundial. Una rápida búsqueda en Google, donde hay casi dos millones de entradas sobre él, y nos encontramos con reportajes sobre el chef catalán en inglés, alemán, portugués, sueco o ruso.

No cabe duda de que el propietario de El Bulli ha conseguido alcanzar un nivel mediático similar al de figuras españolas de la música, el cine o el deporte como Julio Iglesias, Penélope Cruz o Rafael Nadal. Algo asombroso, si le hacemos caso a otro chef catalán, Sergi Arola, quien recordó no hace mucho que “la tan cacareada gastronomía es un coto que en España no alcanza a más de 15.000 personas”.

Lo asombroso es que, pese al escaso público directo del que disfrutan estos chefs, son ya muchos los que cuentan con popularidad entre el gran público. ¿Quién no conoce ahora mismo a Arzak, Berasategui o Arguiñano? Nombres empapados de prestigio y exclusividad y que, sin embargo, se han convertido en auténticas marcas, capaces de vender con éxito una cadena de fastfood, una batería de cocina, una línea de platos preparados y hasta ofertas de catering altamente industrializadas, eso sí, con el toque de clase y exclusividad que gusta a los esnobs.

Fama y negocio van, pues, unidos en la alta cocina. Igual que en la música, el cine… o la alta costura. “Seguimos, ni más ni menos –afirma Arola–, el modelo Armani. A partir de una marca exclusiva, pero potente, surgen un sinfín de oportunidades de negocio”. Queda claro que la búsqueda de la notoriedad no es algo que nuestros chefs esperen sentados. La buscan activamente, casi con obsesión. Con las mismas técnicas de márketing, creación y explotación de marca y reproducción de actividades paralelas que lleva a cabo cualquier empresa medianamente seria y de la que han sido pioneros los grandes santones de la gastronomía-espectáculo a “la française”: Bocuse, Ducasse o Robuchon. “No hemos inventado nada en este aspecto –reconoce Adrià en plena hora de la sobremesa en El Bulli–. Todo esto lo inventaron los franceses”.